¿Qué tienen los abrazos que nos aportan tanto?

Un abrazo se recibe cuando te “dejas” sentir, porque en un abrazo verdadero te “abandonas” a la otra persona, te relajas, le ofreces tu ser, tu presencia, tu compañía y aceptas lo que ella te ofrece. El abrazo de una madre o de la persona que te cuida amorosamente en tu infancia es un abrazo cálido, te “contiene”, te protege, te ayuda a sentir tus límites corporales, te hace sentir otro cuerpo junto al tuyo…
Abrazar a otra persona activa sentimientos y emociones en ambos.
No admitimos el abrazo de cualquiera que nos lo ofrezca, tampoco nos apetece abrazar a todo el mundo, podemos dejarnos abrazar unos segundos, pero solo si sentimos una cercanía, una complicidad, un saber que puedo “abandonarme” a sentir junto a esa persona correspondemos abrazando. Entonces nos fundimos por unos momentos con esa otra persona y “algo pasa” entre ambos (o entre todos, si el abrazo es colectivo). En ese caso el abrazo nutre a ambas partes, la energía fluye a través de los dos cuerpos y podemos sentir una conexión especial con la otra persona, un saber que estamos acompañados, que somos queridos, que aportamos y nos aportan amor, que disfrutamos de dar y recibir, en definitiva, de compartir.
Sentir el contacto con otras personas es básico en nuestro desarrollo. Es bonito cultivar los abrazos, saludar a las personas a las que queremos con abrazos, despedirnos con abrazos…
ABRACÉMONOS.

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