Este es un cuento que tengo escrito desde hace tiempo y que dormía en mi ordenador. Gracias a un concurso me he decidido a colgarlo aquí y allí para que podáis leerlo. Si os gusta y queréis, entrando en “Concurso de Cuentos Infantiles de Luz de Cuidando del Alma Infantil” de facebook podéis votar en el muro marcando en “me gusta” debajo de donde anuncio mi cuento (hay que tener cuenta en el facebook y hacerse fan de la página del concurso para poder votar). Ahí va:

LOS TODOPERFECTOS

En el país de los animales, algo estaba pasando….
La jirafa no quería tener manchas. Intentó quitárselas bañándose una y otra vez y restregando con fuerza, pero solo conseguía estar cada vez más limpia y que las manchas relucieran todavía más. Así que intentó hacer lo contrario, no lavarse para que al estar toda sucia no se notaran las manchas, pero al estar tantos días sin bañarse olía mal y le picaba todo el cuerpo, así que se sentía muy incómoda y tuvo que volver a bañarse por lo que las manchas volvieron a aparecer. Además, no le gustaba nada ese cuello tan largo que le hacía tan alta. No sabía qué hacer, pero lo tenía claro: ¡quería un cuello corto y no tener manchas!
El hipopótamo quería ser delgado. Pensó que quizás si no comía tanto adelgazaría, así que empezó a comer un poco menos cada día, poco a poco comenzó a encontrarse mal, le dolía la barriga y tenía mucha hambre pero seguía estando igual de gordo, así que siguió comiendo lo que necesitaba porque pensó que sin comer nada se iba a morir. Ideó otro plan que consistía en enrollarse alrededor de todo el cuerpo una tela muy fuerte para apretar las carnes y parecer más fino, pero le apretaba muchísimo, no podía respirar bien y se sentía muy mal, además cada día se le rompía la tela por algún sitio y tenía que ponerse otra nueva, así que ya no sabía qué hacer, pero tenía una cosa clara: ¡quería ser delgado!
La anaconda quería tener patas y no se le ocurría nada que pudiese hacer para conseguirlo por lo que estaba muy triste.
Muchos más animales estaban desesperados porque querían ser diferentes y no hacían más que intentarlo de mil y una formas, buscando soluciones, pero ninguna les satisfacía porque no conseguían exactamente lo que querían.
El caracol no quería llevar su casa a cuestas porque pensaba que sería más rápido sin ella. El grillo quería ser silencioso, la tortuga quería saltar, el elefante no quería tener trompa, la mariposa quería cantar, el pez quería caminar, la gallina no quería poner huevos, el perro quería maullar, la rana quería volar, el gato quería ladrar, la paloma quería bucear….
Un día, todos los animales que querían cambiar se reunieron en Asamblea, con el objetivo de encontrar soluciones para conseguir lo que querían. Finalmente, al ver que no daban con ninguna solución que les resultara satisfactoria, decidieron acudir a un Consejo de sabias y sabios que habitaban en una zona próxima, para pedirles ayuda.
Cuando llegaron, el Consejo les hizo pasar en orden para exponer su caso. Primero les preguntaron por qué querían cambiar y qué era lo que pensaban que ganarían con ese cambio y cuando hubieron terminado de contar lo que les preocupaba, los sabios y sabias se quedaron un rato a solas debatiendo sobre la decisión que tomarían para ayudar a los animales que habían acudido hasta allí.
Les sorprendió que tantos animales estuvieran disgustados con su aspecto o con sus aptitudes y comprendieron que algo grave estaba pasando. Por este motivo era demasiado complicado tomar una decisión tan rápidamente y mandaron a todos los animales de vuelta a casa con la promesa de que lo más pronto posible les convocarían para darles una respuesta.
Se pusieron a investigar y a recoger información sobre los hechos y descubrieron que hacía un tiempo que llegaban al país de los animales noticias del país de los todoperfectos en el que todo ser que vivía allí era idéntico a los demás y lo único que les diferenciaba era un tatuaje con su nombre en la frente. Quienes habían recibido noticias de allí creían que para ser felices tenían que ser como los seres del país de los todoperfectos, porque según decían, en ese lugar todos los habitantes eran dichosos. Así que poco a poco los deseos de ser como ellos, aunque no sabían muy bien cómo eran exactamente y la tristeza al no conseguir cambiar se habían apoderado de gran parte del país de los animales.
En el Consejo de sabias y sabios eligieron a dos representantes para hacer un largo viaje al país de los todoperfectos y recabar información de tan extraño lugar, en el que al parecer no había diferencias entre sus habitantes.
Marifler y Blestoy, -así se llamaban la sabia y el sabio elegidos para tan importante misión-, llegaron al país de los todoperfectos tras un largo y agotador camino, por lo que tuvieron que descansar un poco antes de introducirse entre la población para observar a esos extraños seres. Enseguida se dieron cuenta de que no podrían pasar desapercibidos, pues era cierto ¡allí todo ser viviente era igual a sus congéneres!
Jamás hubieran podido imaginar algo así: sonrisas perfectas, ojos perfectos, peinados perfectos, dimensiones perfectas, colores perfectos…. Evidentemente estaban en el país de los todoperfectos. De repente, vieron a un todoperfecto que les miraba por una ventana con cara de asombro y les hacía señas para llamar su atención. Marifler y Blestoy se acercaron y él les dejó entrar en su casa. Lo primero que hicieron fue presentarse, así supieron que esta asombrada criatura se llamaba Gotifluyes.
Gotifluyes exclamó:
– ¡Pero! ¿quiénes sois? ¿de dónde habéis salido? ¿por qué no sois perfectos? ¿algo falló en el proceso?
– Un momento, un momento, no vayas tan deprisa, ¿de qué proceso hablas?
– ¿Cómo que de qué proceso hablo? Del tratamiento contra las diferencias. ¿De verdad no sabéis de qué hablo?
A partir de este momento comenzó una conversación muy interesante.
Gotifluyes les contó que unos años atrás los gobernantes decidieron que para evitar envidias y esas cosas lo mejor era que todos los seres fueran exactamente iguales, así que idearon un tratamiento para dárselo el primer día de vida a todo ser que naciera. Parece ser que todo el mundo estaba de acuerdo y fue un proceso fácil y parece ser que así reinaba la felicidad por donde quiera que fueses. Pero Gotifluyes, hacía tiempo que pensaba que quizás con él el tratamiento no había funcionado, pues aunque era igual a los demás no se sentía feliz y la vida le resultaba de lo más aburrida, por eso, les contó, se había asombrado y alegrado tanto al ver a dos seres diferentes y les había llamado para hablar.
Marifler y Blestoy no salían de su asombro ¡era verdad lo del país de los todoperfectos!
Explicaron a Gotifluyes el motivo de su visita y que andaban buscando una solución. Pensaron que igual era buena idea reunirse junto a su familia y amigos para debatir sobre las ventajas e inconvenientes de ser todos iguales y así lo hicieron.
Las caras de asombro conforme los todoperfectos iban entrando en la sala eran dignas de foto, porque nunca habían visto a alguien diferente y las manos no hacían más que levantarse para preguntar cosas sobre el país de los animales: ¿de verdad hay altos y bajos? ¿gordos y flacos? ¿con manchas y sin manchas? ¿con trompa y sin trompa? ¿con alas y sin alas? ¿con patas y sin patas?…. No podían ni imaginarlo, querían ir allí, querían conocer ese sitio, ¡parecía tan interesante!
Bueno, bueno, bueno. Primero a lo que íbamos -dijo Marifler-, nos gustaría saber si realmente sois felices siendo todos iguales.
En ese momento, todos pusieron cara de reflexión y tras unos segundos dijeron que no, que era un poco aburrido, pero que como se supone que tenían que ser felices así, no se atrevían ni a comentarlo entre ellos.
Convocaron a toda la comunidad y los todoperfectos estuvieron de acuerdo en que querían viajar al país de los animales, en que querían ver seres diferentes. Marifler y Blestoy estaban emocionados porque estaban convencidos de que cuando los animales conocieran a los todoperfectos y su experiencia, dejarían de querer ser de otra manera.
Cuando llegaron al país de los animales avisaron a todos los que querían cambiar y se reunieron con los todoperfectos. Las miradas eran de asombro en todas las direcciones porque los animales no habían visto nunca a un todoperfecto y los todoperfectos no habían visto nunca a un animal.
Al ver a los todoperfectos tan iguales, a los animales ya no les pareció todo tan maravilloso y vieron que sus diferencias eran buenas.
La jirafa se dio cuenta de que no quería ser perfecta, porque con sus manchas estaba muy elegante y entendió que su largo cuello era especial para comer los brotes tiernos de las ramas más altas de los árboles.
El hipopótamo pensó que realmente no tenía ninguna ventaja para él estar más delgado, pues sus medidas eran las más adecuadas para que no le atacaran los predadores.
La anaconda se dio cuenta de que no necesitaba las patas para nada, pues se arrastraba con absoluta facilidad sin ellas por todas partes.
Así continuó la lista de todos los animales, desde el caracol hasta la paloma y de tan felices que estaban hicieron una fiesta para celebrarlo a la que invitaron al Consejo de sabias y sabios que les habían ayudado y a los todoperfectos, que al ver lo bonito que era vivir rodeados de tanta variedad de seres, decidieron olvidarse para siempre del tratamiento contra las diferencias, porque se dieron cuenta de que cada ser es perfecto tal y como es y de que todos somos valiosos tal y como somos, tenemos algo que nos hace diferentes de los demás, somos únicos e irrepetibles y eso es lo maravilloso.


Los Todoperfectos por Anaís Isarre está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0 España License.

 

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