Salimos de casa el viernes a las 12 del medio día y nos reunimos con la familia de nuestro “ahijado” saharaui el domingo a las 7:30 de la mañana. Os podéis imaginar el viaje.

Debido a un retraso en la salida del vuelo que nos lleva de Barcelona a Argel perdemos el vuelo que cogíamos después, esto nos supone un retraso de 24 horas, nos llevan a un hotel y cogemos un vuelo que hay al día siguiente, que también llega con retraso. Al llegar no podemos contactar con la familia y nos ofrecen dormir unas horas en otra casa, hasta que sea de día. Llegamos cansadísimos y nos tumbamos a dormir, lo primero que noto es que respiro arena y me da la tos continuamente, al día siguiente ya me he acostumbrado y respiro mejor. Sobre las 7 y pico de la mañana llega a buscarnos la familia y nos llevan a su casa.
Mucha alegría de vernos, presentaciones y entrega de algunos regalos y… a tomar el te, lo toman continuamente, unas tres o cuatro veces al día y es todo un ritual prepararlo, allí todo el mundo sabe hacerlo y poco a poco fuimos cogiéndole el gustillo al sabor, que va variando porque se hace tres veces seguidas cada vez y va de más amargo a más dulce.

El primer día notamos mucho el cambio de temperatura, unos 40 grados a la sombra, unido al cansancio y estamos tumbados mucho rato, medio dormidos y sudando. Por fin estamos en el Sahara, estamos contentos.

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