La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, pero pocas veces reparamos en ello. La piel nos delimita. A través del contacto percibimos dónde terminamos corporalmente y dónde empieza “lo que no soy yo”.
Cuando nos tocamos nos sentimos; siento mi cuerpo y siento el cuerpo de la otra persona. Ser tocados con respeto y con amor nos aporta una sensación placentera.
A veces no somos capaces de sentir así, cuando por algún motivo el contacto nos produce rechazo; quizás no hemos tenido suficientes experiencias de contacto gratificante, pero si ha sido así, siempre hay un momento para empezar a permitírnoslo, con pequeños contactos, observándonos y permitiéndonos sentir. Si poco a poco vamos teniendo este tipo de experiencias positivas acabaremos incorporándolas a nuestra vida y podremos disfrutar de ellas.
¿Cómo quieres que te toquen? Atrévete a pedir y respeta también los deseos de la otra persona.
TOQUÉMONOS.
Acerca de Anaís Isarre
Apasionada de la vida, educadora social, escritora y mentora de alegría. Conoce la historia de Anaís y Pirueta. Persona con alta sensibilidad (PAS), amante de la naturaleza y vegana por convicción. Madre de tres hermosas personas (dos partos en casa y una adopción) y compañera de Pirueta, su inseparable esencia payasa nacida en 2003. Autora de la saga de desarrollo personal La Alegría de Vivir y fundadora de la Escuela de Alegría, donde acompaña a personas adultas a transformar sus vidas con amor, risa y danza. Síguela en YouTube y ¡atrévete a payasear! 😍
Pues nada, a meternos manos se ha dicho, jejeje
Eso, eso… y a disfrutar…