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A veces algunas personas me dicen que no es el momento adecuado para apuntarse a un curso de Clown, que no tienen ganas, que no se encuentran bien, que no está la cosa como para reírse, que cuando estén mejor o les vayan mejor las cosas, ya verán…

Y, ¿sabes qué? Que, si se quedan esperando el momento perfecto con ese tipo de pensamientos en la cabeza, ese momento no llegará, porque no hay momentos perfectos, los hacemos perfectos cuando elegimos que así sean. El momento adecuado siempre es ¡ahora!, es decir, el momento en el que tomamos la decisión de que lo sea y pasamos a la acción.

¿Por qué creemos que para ir a disfrutar tenemos que estar bien de partida? Siempre me ha parecido que eso no tiene sentido. ¿Acaso esperamos a que deje de dolernos la muela para ir al dentista? ¿O a no tener contracturas para ir a que nos den ese masaje descontracturante? Es justo al revés, ¿no?

Pues con esto pasa lo mismo, la alegría es medicina para el alma. No esperes a estar bien para poder disfrutar, dedícate tiempo de calidad, haciendo aquello que te alegra, para sentirte mejor después. Para sanar el alma necesitamos alegría y no la encontraremos regodeándonos en nuestras penas y nuestros dolores, mientras esperamos a que se vayan “por arte de magia”.

Lo primero para sentirse bien es decidir estar bien, a pesar de ser conscientes de que no lo estamos en ese momento, y darse la oportunidad de hacer algo para cambiar la situación. Cuando yo asistí a mi primer curso de Clown acababa de fallecer mi cuñado hacía unos meses, lo cuento en mi libro Relaciones Saludables Punto Clown; y he visto a muchas personas venir a mis cursos de Clown con situaciones personales muy diversas…

Con el tiempo me he ido dando cuenta de que, en general, cuando las personas llegan al curso Viaje al encuentro con tu Clown, ya han superado barreras, resistencias, miedos, inseguridades, creencias… Y, por fin, ¡se han dado el permiso! Y al darse ese permiso, han abierto un hermoso camino hacia la alegría. Al reunimos con personas que eligen disfrutar y se abren a compartir desde su más tierna e inocente autenticidad, todo el grupo se enriquece y es maravilloso. Entonces nuestra alma está de fiesta y nuestro estado anímico mejora.

Así que hazte un favor. ¡Dale la vuelta a la tortilla! No esperes a estar bien para encontrarte con tu parte payasa, encuéntrate con ella y ella te ayudará a estar mejor. A mí me ha ayudado y me sigue ayudando muchísimo. Por cierto, si quieres puedes conocer más a través de mi cuento ilustrado Pirueta es una payasa.

Gracias. Gracias. Gracias.

Foto de Cristina Sieso

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